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El hombre pone, Internet dispone

Sí, el título es un homenaje a Larra. El Pobrecito Hablador nos contó lo que ha de ser el periodista allá por 1834. Si lo hubiese escrito hoy, tras las comparaciones con el mundo animal, vegetal y mineral, sería necesario añadir una nueva categoría: la digital. La prensa de papel es un anacronismo decimonónico que se muere de pie, como los árboles, ahora que la utopía romántica parece al alcance de la mano que controla el ratón del ordenador.
El internauta (antes “el pueblo”) piensa que maneja las armas necesarias para hacer la revolución. Eso incluye agitación y propaganda. Al fin se han democratizado los medios de comunicación: cualquier ciudadano con un perfil abierto en Facebook se siente periodista.
Los miembros de cada generación se identifican con los avances tecnológicos que les hacen considerarse hijos de su tiempo. La irrupción de la televisión en los hogares americanos y su posterior implantación en telecentros de toda España, fue recibida con euforia. Mientras la radio se limitaba a contar lo que pasaba, el nuevo invento lo mostraba tal y como era. O eso parecía. El desprecio por lo viejo forma parte del juego. Hace tiempo que la tele dejó de ser un símbolo de progreso para convertirse en la caja tonta. Sin embargo, se supone que Internet va a cambiar el mundo. Que sea para bien. La fascinación que provocan las nuevas tecnologías puede hacernos pecar de ciberingenuidad. ¿Quién dijo que desapareció la intoxicación informativa? Los bulos inundan las redes sociales, sin que parezca afectar a la credibilidad del medio convertido en símbolo de un nuevo mundo. La posibilidad de acceso libre y gratuito al conocimiento se considera un logro irrenunciable del internauta frente al poder.
La prensa busca fórmulas para subsistir en la era del “gratis total”. La criminalización de las descargas de contenidos protegidos, solo consigue avivar el fuego. En realidad los usuarios pagan, porque la conexión cuesta, pero el dinero no siempre llega a quienes producen lo que aquellos consumen. Algún día las grandes empresas que operan en la red pagarán lo que deben. Para entonces se habrán adueñado de todas las productoras de audiovisuales, agencias de noticias y editoriales. En sus manos estarán los procesos de selección, elaboración y distribución de contenidos. Una tela de araña que conectará ordenadores (y cerebros) extendida a lo largo del planeta. Quien controle el flujo de información que pase a través de la red, tendrá un poder inmenso.
Nunca estuvo tan cerca de cumplirse el sueño de un científico loco que quiere dominar el mundo. Del trabajo sucio ya se encargan los piratas. Nada más fácil que hacerles creer su papel de héroes libertarios. Cuando el proceso revolucionario dé paso al nuevo régimen virtual, dejarán de ser necesarios. Entonces habrán mejorado nuestras condiciones de vida. Siempre se da un paso adelante. Y dos atrás. El poder cambia de manos en nombre del pueblo, que se conforma con las migajas. Todo para el internauta, pero sin el internauta.

@JJBors

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Acerca de JJB

Juan José Bors, realizador de audiovisuales y periodista.

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