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¿La revolución era esto?

Aún no se había apagado el eco de las acampadas de la Spanish revolution cuando la aplastante victoria del PP en las elecciones del 20 N nos enfrenta a una realidad que poco tiene que ver con lo soñado por los indignados.

Los medios se hicieron eco de la movilización a través de las redes sociales en las revueltas de los países árabes, que consiguieron derrocar a viejos amigos de Occidente y enemigos de su pueblo. La llamada revolución islandesa llevó a la dimisión de un gobierno y trajo consigo la redacción de una nueva constitución, con una participación activa de ciudadanos de diversa condición. En ambos casos, los medios de comunicación destacaron el papel que habían desempeñado en el triunfo de las revoluciones las nuevas tecnologías al alcance del pueblo.

Sin duda se ha sobredimensionado la capacidad transformadora de las herramientas que nos ofrece Internet. Que el uso de Facebook o Twitter consiga derrocar un gobierno puede quedar bien en un titular; otra cosa es que una red social nos abra las puertas de la democracia directa.

La angustia ante la crisis financiera que estamos pagando sin haberla provocado y la ilusión de alcanzar una transformación social, extendió las protestas del 15M por toda España. Las acampadas que comenzaron en Sol alcanzaron repercusión internacional. Ahí están los indignados de Nueva York frente a Wall Street.

La ilusión con que comenzó un movimiento que parecía el resurgir de la rebeldía antisistema, se ha ido diluyendo. En los países árabes se reclamaba algo que ya tenemos desde el 78. La indignación es más que comprensible, pero generalizar sobre quienes se dedican profesionalmente a la política es peligroso. De este modo es como personajes populistas han llegado al poder, se han apoyado regímenes autoritarios y , en casos extremos, se ha justificado el uso de la violencia. Si en Islandia se derrocó un gobierno pacíficamente y los responsables de la crisis están en la cárcel, es porque los ciudadanos de ese país lo han querido y se han apoyado en las instituciones democráticas, confiando en la actual primera ministra,  Jóhanna Sigurðardóttir. No puede haber transformaciones sociales sin una mayoría lo suficientemente amplia que reclame un cambio, ni sin contar con los políticos partidarios de que la sociedad evolucione.

El lema “no les votes”, refiriéndose  al PSOE y el PP, solo caló en la izquierda. Los votantes del PP no se cuestionan el sistema, para ellos basta con un cambio de gobierno. De este modo, el 15 M contribuyó, sin pretenderlo, a que un partido poco revolucionario consiguiese una mayoría histórica. Islandia queda muy lejos.

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Acerca de JJB

Juan José Bors, realizador de audiovisuales y periodista.

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